Rolando Chijcheapaza: "Quiero dejar mi huella en cada volcán activo del Perú"

Todas las mañanas a las 5 a.m., Rolando coge las correas de Paco y Scooby, sus dos perros, y con ellos sale a recorrer las calles de Paucarpata, distrito arequipeño donde vive con su familia. Levanta la mirada y observa al volcán Misti, radiantemente imponente y majestuoso, pero a la vez tranquilo. Rolando sabe bien que esa aparente pasividad esconde un alto riesgo, Rolando sabe bien que debe prepararse.

Desde 2013, Apaza trabaja en la sede de Arequipa del Instituto Geofísico del Perú - IGP, donde es responsable del correcto funcionamiento de los equipos informáticos de la oficina, además de participar en la ejecución de mediciones geofísicas en campo. "Aún recuerdo mi primer día en el IGP. Esa mañana de mayo se organizaba la inspección del cráter del volcán Sabancaya, el cual había iniciado en febrero de 2013 una etapa de intranquilidad. Ofrecí mi apoyo en dicha comisión. Sabía que estaba preparado", relata.

Cuando vi el trabajo de instalación de equipos supe que debía vincularme a esa labor. Era una oportunidad de combinar mi amor por los volcanes y el desarrollo tecnológico.

Y lo estaba. Desde los 15 años, Rolando venía escalando muy a menudo al volcán Misti, guiado por sus tíos. Al principio era por amor a la aventura, subía y recolectaba sancayos: el "fruto del volcán". "Aunque ácido, su sabor es incomparable. Es una fruta incomprendida", ríe Rolando amenamente mientras almorzamos y realizamos esta entrevista.

Fue justamente subir a los volcanes lo que le permitió conocer al IGP. Dada su inherente destreza en campo, nuestros compañeros de la subdirección de Redes Geofísicas lo contactaron para colaborar en la instalación de las primeras estaciones de monitoreo en el volcán Misti. Era 1998 y Rolando ya había recorrido al menos 3 veces el volcán de pies a cabeza. “Cuando vi el trabajo de instalación de equipos supe que debía vincularme a esa labor. Era una oportunidad de combinar mi amor por los volcanes y el desarrollo tecnológico”, recuerda.

A la fecha, Rolando lleva ya 5 años en la sede del IGP en Arequipa, donde es un elemento fundamental en la planificación y ejecución de salidas de campo. "He ascendido ya 8 volcanes activos del país, y pese a que cada vez el esfuerzo es mayor, sé que estoy en la capacidad de realizar la tarea y soportar cualquier adversidad para cumplir con los objetivos planteados. Con la ejecución del proyecto del Laboratorio Geofísico del Sur, estoy seguro que dejaré mi huella en cada volcán activo del país", expresa.

Pero también realizar estas actividades implica cierto nivel de riesgo. En septiembre de 2013, el volcán Ubinas presentaba signos precursores de una futura erupción. Rolando viajó a la zona, acompañado de otros profesionales de la oficina, y se propuso inspeccionar el cráter del volcán. Tras haber efectuado esta tarea, y retornando al punto de partida, ocurrió la primera explosión de ese proceso eruptivo. En menos de 5 minutos, Rolando se vio atrapado en una indescifrable oscuridad. La ceniza había sido conducida por los vientos hacia el sector oeste del volcán, por donde Rolando se encontraba descendiendo. "Solo sentía pequeñísimas partículas circulando alrededor de mí, además de un inconfundible olor. Estuve cegado por 7 minutos. No olvidaré la incertidumbre de esos momentos", reflexiona. Ese suceso afortunadamente no derivó en algo que lamentar, pero sí fue el punto de inflexión para que el IGP y los científicos desarrollen diferentes alternativas para realizar estas tareas y así evitar el riesgo que conllevan.

Hoy Rolando está comprometido ya no solo con la tarea informática ni aquella a efectuarse en campo. "Es como un trabajo de Responsabilidad Social. Sé el riesgo en el que estamos en caso de una erupción, conozco el peligro. Es hora de crear consciencia y ser responsables, compartir lo aprendido y generar un cambio". Y sí, Rolando, tienes razón, la ciencia que hacemos en el IGP tiene ese objetivo.


Rolando Chijcheapaza en crater Misti