Historia

La historia del Instituto Geofísico del Perú se remonta al año 1920 aproximadamente, fecha en que se crea el Observatorio Geofísico de Huancayo (provincia de Huancayo, Departamento de Junín). Sin embargo, es necesario considerar que el Instituto Geofísico pasó por tres etapas antes de constituirse como tal. En una primera etapa (entre 1922-1947) el Observatorio Magnético de Huancayo estuvo bajo la administración del Departamento de Magnetismo Terrestre de la Institución Carnegie de Washington, y en un segundo periodo (1947-1962, ) funcionó bajo el nombre de Instituto Geofísico de Huancayo (IGH), siendo este un organismo autónomo del Gobierno del Perú. Finalmente, en enero de 1962 (en remplazo del IGH) surge el Instituto Geofísico del Perú (IGP) con el acuerdo de trasladar la sede ejecutiva de Huancayo a Lima. Décadas de aportes científicos En los años 1957 y 1958 científicos peruanos participaron en el Año Geofísico Internacional (IGY, por sus siglas en inglés). Unos setenta peruanos -entre geofísicos, físicos, ingenieros y técnicos- trabajaron en proyectos ligados al IGY. En la década del 60, el IGP decide establecer contactos con la Fundación Ford, NASA y el Instituto Internacional de Educación. Con el apoyo de estas instituciones y recursos propios, una docena de profesionales del IGP realizarón estudios de postgrado en diversas especialidades de la geofísica. El contingente incluyó a Jesús Berrocal, Carlos Calderón, Luis Elías, Jorge Heraud, Daniel Huaco, José Pomalaza, Angel Velásquez, Leonidas Ocola, Pablo Lagos, Hernán Montes y Ronald Woodman. Todos ellos obtuvieron sus doctorados (PhD) en prestigiosas universidades como Columbia, Edinburgh, Dartmouth, Harvard, Massachusetts Institute of Technology, Stanford University, St. Louis y Wisconsin. Por otro lado, en 1960 se estableció la estación de rastreo de satélites de Ancón o Minitrak, que colaboró con la NASA en sus primeras experiencias espaciales. En 1962 se inauguró el Radio Observatorio de Jicamarca (ROJ) construido por iniciativa de la National Bureau of Standards de EE.UU. para el estudio del espacio terrestre, utilizando una antena de radar de 90 mil metros cuadrados. Jicamarca fue el primer instrumento de su tipo y sigue siendo el mayor en el mundo y el único en la región ecuatorial. Esta facilidad fue transferida al IGP en 1969 y desde entonces ha mantenido un alto nivel de investigación científica. Durante los años 70, desde la base de Punta Lobos, 50 km al sur de Lima, con un signficativo aporte científico y logístico del IGP, se lanzaron más de 100 cohetes de investigación en tres campañas auspiciadas por NASA (1974, 1979 y 1983), incluyendo el primer cohete de investigación espacial lanzado en la costa occidental del Pacífico. El 31 de mayo de 1970, un fuerte sismo sacude la región de Ancash, causando la muerte de más de 40 mil personas. A partir de este episodio, el IGP asume un rol protagónico en este campo. En 1972 el fenómeno El Niño afectó la zona norte del país, causando graves daños a la industria pesquera. Es así como el IGP toma conciencia de su potencial en ciencias atmosféricas, percepción remota y oceanografía aplicados al estudio de este fenómeno. En 1982-1983 ocurrió el Niño más intenso registrado en tiempos históricos. En Perú murieron más de 200 personas y las pérdidas económicas superaron los 1,000 millones de dólares. El IGP formaba parte de organizaciones científicas internacionales abocadas a explicar y predecir este fenómeno. Un coronógrafo solar -construido con fondos de la institución y donaciones japonesas- es inaugurado en 1979. La década del 80 marca el inicio de una crisis nacional que se refleja en el IGP. El brote y el recrudecimiento del terrorismo hace cada vez más difícil el trabajo del campo y culmina con la destrucción total del Observatorio Solar de Cosmos en Huancayo. A fines de los 80 la crisis peruana hace mella en el IGP, el personal es reducido de 200 a menos de 100 empleados; de las 40 personas que trabajaban en el Observatorio de Huancayo sólo quedaron 5. Sin embargo, el IGP logró reponerse de esta crítica situación. En la década del 90, el Instituto logró consolidar importantes proyectos en diferentes áreas. La Red Sismológica se amplió; el Radio Observatorio de Jicamarca continuó marcando el paso en la investigación espacial y atmosférica con técnicas de radar; el monitoreo de volcanes activos continuó, etc. En resumen,se continuó innovando y sacando el mayor provecho de los recursos que se le asigna, a los que se suma aquellos que genera mediante servicios y convenios de investigación con entidades nacionales y extranjeras en diversos campos de la geofísica. En el año 2000 el Programa de Geodesia Espacial se amplía para estudiar las lagunas sísmicas y el ciclo de terremotos en el Perú. Del mismo el incremento de las estaciones de la Red Sísmica Nacional permitió disponer de información para el estudio de los procesos de ruptura de grandes sismos y la variación espacio-tiempo de los mismos a fin de cuantificar la presencia de las lagunas sísmicas en el borde occidental de América del Sur. En el 2004 el Perú y un grupo de científicos e ingenieros peruanos participaron el proyecto Perseus, construyendo el primer artefacto espacial peruano. Y en su afán de mejorar los sistemas de vigilancia ante los desastres naturales, en el año 2005 se instaló una red telmétrica de cinco (5) estaciones alrededor del volcán Misti; y en el 2007 se implementó una moderna red digital de vigilancia sísmica en el volcán Ubinas. Por otro lado, el nuevo grupo de investigadores que se integraron a nuestra institución son los doctores Jorge Chau (Alta Atmósfera), Edmundo Norabuena (Geodesia Espacial), Hernando Tavera (Sismología y Sismotectónica), Orlando Macedo (Geofísica de Volcanes), Yamina Silva (Clima y Tiempo), José Ishitsuka (Astronomía), Ken Takahashi (Clima y Tiempo) y recientemente Isabel Bernal (Ingenieria Sísmica).